A Blessing and…a Course

4–6 minutos

En cuarenta y ocho meses ha sucedido mucho; tanto, que soy otra persona: una mucho más hermosa y próxima a la niña y adolescente especialita que encontró en su voz y su canto un superpoder; tanto, que ya no quiero tener nada que ver con la joven que empeñó su treintena en sepultarse y dejarse (casi) aniquilar. También tanto, que los episodios de despersonalización y miedo a perder lo conseguido se han multiplicado exponencialmente: toda bendición tiene algo de maldito.

Este proceso ha tomado más tiempo del deseado e idóneo; para el tema bendiciones soy de asimilación lenta y esta sanación, esta vuelta al hogar, como la describe mi amiga poeta y narradora Laia López Manrique, no iba a ser menos. Pero no es acerca de mi sanación sobre lo que voy a escribir en esta publicación. Es sobre una de las circunstancias que ha gobernado (¡y cómo!) estos dos últimos años: una más práctica, pero desde luego, determinante; la formación académica que elegí para desarrollarme como profesora y acompañante vocal: el Máster en Pedagogía Vocal en una universidad galesa, la Wales Trinity Saint David (el máster galés, en mi casa). Treinta y seis meses que espero, no acaben siendo cuarenta, encaminan ya el último tramo: el último y definitivo módulo. Elegí estos estudios a conciencia: sin entrar en críticas innecesarias, diré que tenía muy claro lo que quería aprender, cómo lo quería aprender, y de qué fuentes quería beber. Ahora que comienzo a ver la luz, aunque no esté todo dicho ni mucho menos, quiero escribir unas líneas sobre mi proyecto de final de máster. Este proyecto final versa sobre las buenas prácticas en clases de canto, voz y comunicación para personas transgénero o de género diverso, y quiero explicar cómo y por qué elegí este camino.

Si el tema no os interesa, o pensáis que no os afecta…tal vez podríais seguir leyendo; hay una clase de conocimiento que ensancha el corazón.

La idea inicial y el cambio de rumbo

Cuando empecé el máster, hace treinta y cuatro meses (a ratos se me antojan treinta y cuatro años), tenía una idea bastante clara de que el campo de estudio a elegir iba a ser la voz de mujeres cis cantantes a partir de los cuarenta años, y el impacto de los cambios y desajustes hormonales en ella. De hecho, dediqué uno de los módulos a este campo, y aprendí mucho sobre él; resulta muy útil en mi práctica diaria como profesora y como cantante. Sí, se trata de un campo superinteresante, pero básicamente yo quería, de nuevo, escribir sobre mí y lo que me sucedía a mí: ¡oh, qué raro! …y qué cargante. Admito que también quería aprovechar algo de la experiencia que había adquirido trabajando con eminencias de la reproducción asistida: había hecho de los estrógenos y la progesterona dos constantes en mi vocabulario diario. Sin embargo, coincidieron varias circunstancias que me condujeron a un bendito despertar: primero, empezó a cansarme la avalancha de contenido sobre peri y menopausia (sí, muy necesario, sin duda, pero oportunistamente omnipresente); segundo, sentí que necesitaba que mi propuesta tuviera un sólido propósito social y humano que se dedicara a otras voces menos consideradas comercialmente, y tercero, y siguiendo esta línea, quería alejarme definitivamente de la experiencia propia para entender y aprender de la experiencia de otras personas, aunque al final, esté descubriendo que haber crecido en los márgenes me acerca mucho más a esas otras voces de lo que había supuesto en un principio.

Reconociendo sesgos y cuestionando todo (o casi todo).

Como persona blanca cis gozo de cierto privilegios que tengo muy presentes a diario, ahora mucho más gracias a este trabajo de investigación. He tenido, tengo y tendré que reconocer mis sesgos, analizarlos y deconstruirlos: es un proceso que dura toda la vida. Convertir el desconocimiento en motivación, la sombra de la amenaza absurda en abrazo, el privilegio en dedicación. Más allá de las estrategias puramente técnicas, del estudio de la voz y el cuerpo como instrumentos, a veces disidentes, el proyecto también analizará cómo las personas que trabajamos con la voz de otras personas podemos recuperar la humanidad escondida y el espíritu crítico. Cómo debemos perder el miedo a la incomodidad desde el privilegio del que gozamos.

Todo empieza por querer comprender las diferentes formas de discriminación. La discriminación enferma y mata (al final de la publicación facilito bibliografía al respecto). Por ello, es fundamental informarse sobre la historia de opresión de un grupo y relacionarse con los miembros de dicho grupo para conocer sus experiencias: creedme, relacionarse cura fobias. Eso sí, hay que tener ganas. Ganas de convertirse en un espacio seguro. Ganas de proteger lo ajeno como propio. Ganas de olvidar la experiencia individual para volcar parte de una en lo colectivo. Sí, puede sonar a pedir mucho tal y como están las cosas, pero…¡vale tantísimo la pena!.

En estos momentos estoy esperando que el comité ético de la universidad valore mi propuesta. Mientras, sigo estudiando y leyendo como una descosida, trabajando a la antigua: es decir, sin utilizar chat gpt, consultando fuentes humanas y recurriendo a una extensa bibliografía de la que hoy os comparto tres referencias fundamentales.

Si este tema, u otros temas relacionados con el canto, la voz y la pedagogía vocal os interesan, podéis suscribiros a este blog. También podéis daros de baja fácilmente si nada de lo anteriormente mencionado os interesa.

Referencias

Ilacqua, C., Robinson, G.C., Strong, K.A. and Douglas, N.F., 2025. Best Practices When Delivering Gender-Affirming Voice Services: A Phenomenological Interpretative Analysis of Four Semistructured Client Interviews. Perspectives of the ASHA Special Interest Groups, 10(3), pp.1012-1025

Pietri, E.S. et al. (2024) “A framework for understanding effective allyship,” Nature reviews psychology, 3(10), pp. 686–700. Available at: https://doi.org/10.1038/s44159-024-00359-0.

Mills, M. and Stoneham, G., 2021. Voice and communication therapy with trans and non-binary people: Sharing the clinical space. Jessica Kingsley Publishers.

Por qué se nos seca la boca cuando cantamos

Emociones y voz son un todo indivisible. Nuestro sistema nervioso presenta, simplificando mucho, dos modos: el modo simpático, que alerta, manifestando ansiedad, de circunstancias que nos llevan a luchar o huir (fight or flight mode); y el modo parasimpático, en el que nos »reparamos» a nivel celular, y en el que estamos en estado de descanso-digestión (rest and digest).

A menudo, las personas que sufrimos de ansiedad, entramos en modo simpático dominante (alerta) cuando subimos a un escenario, o grabamos, o hacemos una presentación. El simpático dominante provoca que automáticamente nuestro aparto digestivo »desconecte», porque toda nuestra energía se concentra en huir del «depredador» , y por tanto, todas las actividades no necesarias (como salivar, primera etapa de la digestión), se bloquean.

Bien, ¿cómo podemos entrenarnos para estar el máximo tiempo posible en modo parasimpático, incluso cuando estamos actuando, y dejar ansiedad y alerta sólo para verdaderas huidas? Estimulando el nervio vago, que recorre buena parte de nuestro organismo y que posee una rama que resulta en el nervio laríngeo recurrente, implicado en la deglución, entre otras funciones. Existen varias técnicas para activar/estimular el nervio vago, y se basan en ejercicios de respiración, fisioterapia aplicada a zonas concretas, rodearnos de buenas compañías en lo personal (vital: ya que en lo laboral no siempre se puede), practicar ejercicio con frecuencia. Lo mejor es sin duda consultar a especialistas de la salud y mental para dirigir nuestra práctica con rigor.

Si queréis conocer más sobre cómo superar el pánico escénico estaré impartiendo un taller gratuito de canto y voz el próximo 5 de diciembre a las 18 hs en Barcelona: podéis inscribiros AQUÍ.

Fuente : https://www.jenniemorton.com/journal

 

 

La VOZ de Tina

2–3 minutos

Así, en mayúsculas, porque no se ha inventado todavía el bot que pueda sustituir a la diosa Tina Turner… ni se inventará. En Instagram (aquí) dedico un breve vídeo a la voz de Tina, y a todo lo que nos ha enseñado. También he querido escribir esta entrada, porque en un espacio dedicado la voz humana (y sobrehumana), un tributo a Tina Turner es necesario.

Contaba Tina que cuando era Anna Mae Bullock, y vivía con su familia en Nutbush, se hablaban a gritos. Desarrolló por ese motivo nódulos en los pliegues vocales desde muy niña. Sin embargo, como la fuerza resiliente que era, trabajó incansablemente durante años sin que su lesión afectara su capacidad vocal, su sobrehumana energía ni, por supuesto, su Arte. Además, aun siendo muy joven, su registro habitual, ya se situaba en un rango considerablemente más grave de lo convencional, casi masculino, algo que al principio a ella no le gustaba, en esta entrevista lo explica:

La voz de Tina se describe a menudo en inglés como raspy, husky (rasgada, ronca), pero en realidad se diferencian claramente dos etapas en su forma de cantar: CON IKE y SIN IKE. Con Ike, además de demostrar un control alucinante de la respiración al bailar y cantar a la vez, formalmente cantaba con la laringe más alta y apoyándose en la garganta, con una evidente carga emotiva, diría que fruto de la rabia y el dolor del maltrato. Con esta Tina siento lo mismo que con Janis Joplin: al escucharlas me encantan y a la vez, me duelen.

Tina con Ike en The Big T.N.T. Show, 1965

Sin Ike, aunque mantuvo su personalidad vocal intacta, cambió técnicamente y su belting dejó de apoyarse en la garganta, añadió algo de nasalidad (puede que debido a una intervención de cirugía plástica) y su head voice (voz de cabeza) sonó menos rasgada. Incluyo el mejor ejemplo de la portentosa Tina ochentera (así fue como muchas la conocimos, claro), en Río de Janeiro y con 48 añazos:

Tina Turner, Tina Live in Rio, 1988

Mi Tina favorita es ésta, no os voy a engañar. Antes de cerrar la entrada con algunos detalles técnicos más, quiero recordar que la resiliencia de Tina/Anna Mae fue más allá de lo vocal, y que su otra VOZ, la testimonial, es referente para las mujeres víctimas de la violencia machista, para las mujeres no blancas en un mundo gobernado por señores blancos, y para las mujeres no jóvenes en una sociedad edadista. Sin duda, Tina Turner broke every rule y tenemos que estarle eternamente agradecidas.

ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS INTERESANTES

  • Tina era mezzosoprano, con un rango grave de de F2 a G3, medio de G#3 a G#4, belting de G4 a Bb5, y head voice (voz de cabeza) de E5 a F6, con mayor flexibilidad vocal a partir de los 40 años.
  • Sin whistle voice (voz de silbido); tampoco le hacía falta.
  • Estilísticamente no usaba el melisma ni abusaba del vibrato (muy controlado), pero es que ella se centró en sonar rock. Además, en los 80 no se abusaba de las florituras como ahora.
  • Máximo control de la respiración, bailando enérgicamente mientras cantaba frases considerablemente largas.

El twang y su uso

3–4 minutos

AVISO: Este post es una adaptación al castellano del trabajo de la terapeuta vocal Joanna Lott The Use of the Twang Technique in Voice Therapy, debidamente citado al final de esta entrada.

Twang

Las y los cantantes con toda probabilidad sabréis identificar la calidad vocal twang en una voz. Aun así, aquí tenéis una breve definición para quienes no sepáis a qué nos referimos cuando describimos un sonido vocal como twang:

«Según Yanagisawa et al. (1989), el twang es descrito como un tañido penetrante, similar al de un oboe, banjo, o al graznido de un pato (…). Otros autores comparan la calidad twang a la de un niño repelente «ñi-ñi-ñi», un dibujo animado o un llanto de niño quejumbroso.»

Joanna Lott, The Use of the Twang Technique in Voice Therapy

Sonidos preciosos y reconfortantes, sobre todo los tres últimos mencionados. Bueno, en parte SÍ, en especial para quienes lo emiten, porque el twang puede resultar eminentemente terapéutico aplicado a la técnica vocal.

Cómo ocurre el twang

La clave del twang reside en el estrechamiento del esfínter ariepiglótico (no entremos en pánico: se trata del anillo formado por dos músculos que permiten que la epiglotis descienda, complete el cierre glótico y, básicamente, podamos deglutir, es decir, tragar sin ahogarnos al cerrarse la laringe), y aunque suele confundirse con el sonido nasal que provoca la caída del paladar blando, el twang NO es nasal, es oral. Al estrecharse el mencionado anillo, se da un maravilloso fenómeno acústico: se crea un espacio de mayor energía y por lo tanto, de mayor resonancia, y por tanto, la voz es percibida con mayor volumen por quienes la escuchan. Es decir, el santo grial de cantantes, hablantes, y pacientes de la voz: mayor volumen con menor esfuerzo.

Menor esfuerzo

Tendemos a añadir intensidad a nuestra voz tanto incrementando el flujo de aire como el esfuerzo de los músculos intrínsecos de la laringe. En ambos casos, es probable que terminemos con fatiga vocal. Sin embargo, el twang provoca un efecto de contrapresión (se estrecha el camino y la presión del aire se mueve hacia atrás y hacia abajo, por encima de los pliegues vocales), contribuyendo a que la vibración de los pliegues sea más regular. Digamos que, el estrechamiento del anillo crea un segundo tubo virtual dentro de la faringe, en el que la presión de la columna de aire se ve alterada para bien, influyendo en la vibración de los pliegues (cuerdas) vocales. ¿Cómo influye? Bien, la fase de cierre de los pliegues es más larga, la fase de apertura es más corta, y la física hace el resto para que el de sonido sea más brillante y con mayor volumen. Mi usuaria favorita del twang es Chaka Khan.

Explico el mecanismo de forma simple, si queréis información más detallada, por favor contactadme aquí.

Debate y controversia

Bien, hay terapeutas vocales que están en contra del uso y/o abuso del twang, sobre todo cuando se trata de abordar lesiones. Joana Lott explica en el artículo que aquí adapto, que aunque aparentemente el twang implica constricción para mayor volumen, también puede modularse y aplicarse a conseguir un objetivo de mayor brillo sin mayor esfuerzo (por ejemplo, en voces con hipofonía). La clave estaría, en este caso, en utilizarlo sólo cuando se necesita, por ejemplo, para hablar en ambientes algo ruidosos (aunque si no hablamos en ambientes ruidosos, mejor).

¿Es seguro el twang, ya que implica una constricción?

Personalmente (y ahora habla Lydia), creo que el twang es seguro si se domina. Mi experiencia personal como cantante es que he alcanzado los brillos más notables en las notas más agudas gracias al twang, sin perjudicarme vocalmente. Ahora bien, estéticamente NO agrada a todo el mundo, porque el timbre tañido no es percibido como agradable (por cierto, hay bastante de cultural en estas percepciones y esto da para un debate en vivo). Respecto al uso del twang en el habla para prevenir o tratar lesiones, sin duda recomiendo visitar a especialistas que sepan cómo enseñarlo, siempre con ejercicios que no favorezcan el rasgado.

Esta entrada es una adaptación del siguiente informe:

Lott, Joanna. (2014). The Use of the Twang Technique in Voice Therapy. Perspectives on Voice and Voice Disorders. 24. 119. 10.1044/vvd24.3.119