Soul Eyes de Vanessa Rubin: recomendación de otoño

El otoño en Barcelona solía ser mi estación favorita. Ahora ya no lo tengo tan claro, y precisamente por eso busco la fórmula mágica para recuperar la placidez que sentía al caminar por las callejuelas góticas de la que fue una preciosa ciudad, que es la mía. Fundamentalmente paseo mientras escucho los álbumes que marcaron mi adolescencia, ya siendo cantante de espíritu.

Si un álbum suena a sereno otoño, es Soul Eyes de Vanessa Rubin (1992). Vanessa Rubin es una vocalista de jazz de Cleveland, bastante conocida en ciertos ámbitos, pero, a mi parecer, no suficientemente valorada. Me encantan su fraseo, la prudente sencillez de su scat, y, sin lugar a dudas, el timbre de su voz, algo twangy (brillante, tañido, resonando muy «delante»). De hecho, recomiendo este álbum para iniciarse en la práctica de scats relativamente fáciles (como los que enlaza en I‘ve Got the World On a String , por ejemplo). Tuve la suerte de poder verla en Jamboree cuando yo iba al instituto; una compañera de clase me prestó las 700 pesetas de la entrada. Vanessa Rubin me firmó un autógrafo que extravié en alguna de las mudanzas; me da muchísima pena.

Soul Eyes fue su álbum debut, bajo la dirección musical de Steve Backer (enlazo a los créditos completos de Soul Eyes en Discogs).

La tracklist es de clásicos, algunos exquisitamente arreglados (incluyendo los arreglos vocales que, por cierto, solemos crear y escribir las propias vocalistas, un trabajo poco reconocido y que no sale de la nada). Mi corte favorito a día de hoy sigue siendo Soul Eyes, tema que conocí gracias a este álbum, y que escuchaba en loop veinte veces al día, en un discman, aquel invento demoníaco que saltaba a la mínima. Por supuesto, la interpretación de Coltrane (1962) de Soul Eyes también es para escuchar en bucle. Aunque se popularizó con esta versión, el tema siempre tuvo letra.

Tenderly, Giant Steps o When We Were One también son una maravilla. El blues Willow Weep For Me vibra en frecuencia de otoño y, por supuesto, el clásico Autumn, también.

Os enlazo a diferentes plataformas para que escuchéis Soul Eyes en clave de otoño y espero que, si os gusta, lo compréis. Es uno de los álbumes de mi vida: me faltó tener una copia en vinilo, pero sólo se editó en CD y cassette.

‘A Good Woman’, Izo Fitzroy (2023)

He escuchado al completo varias veces el nuevo álbum de IZO FITZROY, ‘A Good Woman’, de la discográfica independiente de Brighton Jalapeno Records. Izo Fitzroy  es cantante, pianista y compositora, y su registro, bastante grave y versátil, y una súper asertiva y profunda forma de cantar, me tienen completamente obsesionada. Como compositora toca varios palos y en el álbum se permite recorrer varios estilos porque SU VOZ cohesiona y da sentido a cada intención musical. Algunos arreglos tienen reminiscencias acid-Jazz de los 90 (Chasing Days, Give Me the High) , otros son más soul, gospel (Hope Divine) e incluso incluye un tema folk (Pilgrim); todos con buenas letras, nada banales.

Las plataformas digitales la etiquetan como ‘Alternativa’, pues bien, para mí es una alternativa a un panorama que me suele remover poco. El álbum es una maravilla y más lo es el EP ‘Black Insides’, también de este año.

Imagen de la entrada: Izo FitzRoy canta Keep Your Light On Me en Later… with Jools Holland.
Fuente: bbc.co.uk

La VOZ de Tina

2–3 minutos

Así, en mayúsculas, porque no se ha inventado todavía el bot que pueda sustituir a la diosa Tina Turner… ni se inventará. En Instagram (aquí) dedico un breve vídeo a la voz de Tina, y a todo lo que nos ha enseñado. También he querido escribir esta entrada, porque en un espacio dedicado la voz humana (y sobrehumana), un tributo a Tina Turner es necesario.

Contaba Tina que cuando era Anna Mae Bullock, y vivía con su familia en Nutbush, se hablaban a gritos. Desarrolló por ese motivo nódulos en los pliegues vocales desde muy niña. Sin embargo, como la fuerza resiliente que era, trabajó incansablemente durante años sin que su lesión afectara su capacidad vocal, su sobrehumana energía ni, por supuesto, su Arte. Además, aun siendo muy joven, su registro habitual, ya se situaba en un rango considerablemente más grave de lo convencional, casi masculino, algo que al principio a ella no le gustaba, en esta entrevista lo explica:

La voz de Tina se describe a menudo en inglés como raspy, husky (rasgada, ronca), pero en realidad se diferencian claramente dos etapas en su forma de cantar: CON IKE y SIN IKE. Con Ike, además de demostrar un control alucinante de la respiración al bailar y cantar a la vez, formalmente cantaba con la laringe más alta y apoyándose en la garganta, con una evidente carga emotiva, diría que fruto de la rabia y el dolor del maltrato. Con esta Tina siento lo mismo que con Janis Joplin: al escucharlas me encantan y a la vez, me duelen.

Tina con Ike en The Big T.N.T. Show, 1965

Sin Ike, aunque mantuvo su personalidad vocal intacta, cambió técnicamente y su belting dejó de apoyarse en la garganta, añadió algo de nasalidad (puede que debido a una intervención de cirugía plástica) y su head voice (voz de cabeza) sonó menos rasgada. Incluyo el mejor ejemplo de la portentosa Tina ochentera (así fue como muchas la conocimos, claro), en Río de Janeiro y con 48 añazos:

Tina Turner, Tina Live in Rio, 1988

Mi Tina favorita es ésta, no os voy a engañar. Antes de cerrar la entrada con algunos detalles técnicos más, quiero recordar que la resiliencia de Tina/Anna Mae fue más allá de lo vocal, y que su otra VOZ, la testimonial, es referente para las mujeres víctimas de la violencia machista, para las mujeres no blancas en un mundo gobernado por señores blancos, y para las mujeres no jóvenes en una sociedad edadista. Sin duda, Tina Turner broke every rule y tenemos que estarle eternamente agradecidas.

ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS INTERESANTES

  • Tina era mezzosoprano, con un rango grave de de F2 a G3, medio de G#3 a G#4, belting de G4 a Bb5, y head voice (voz de cabeza) de E5 a F6, con mayor flexibilidad vocal a partir de los 40 años.
  • Sin whistle voice (voz de silbido); tampoco le hacía falta.
  • Estilísticamente no usaba el melisma ni abusaba del vibrato (muy controlado), pero es que ella se centró en sonar rock. Además, en los 80 no se abusaba de las florituras como ahora.
  • Máximo control de la respiración, bailando enérgicamente mientras cantaba frases considerablemente largas.